Llega junio en Madrid y el momento de decidir qué hacemos con las sesiones de pedagogía y refuerzo en verano y las rutinas de aprendizaje. En estos momentos, aparece siempre la misma frase: “Lo dejamos para septiembre, ¿verdad?”
Es entendible que penséis que descansar de las sesiones del curso es algo necesario y que las sesiones de pedagogía en verano son agotadoras. Pero nada más lejos de la realidad. Es importante que os fijéis bien en la información que os facilito a continuación para que toméis la decisión más correcta.
Lo que ocurre en el cerebro cuando se interrumpe el proceso
El trabajo que hacemos en sesiones no es como un libro que puedes cerrar y retomar en la página donde lo dejaste. El aprendizaje —y en especial la intervención sobre dificultades de aprendizaje y funciones ejecutivas— funciona de manera muy diferente.
Cuando una persona está trabajando su atención, su autorregulación, su comprensión lectora o su memoria de trabajo, lo que estamos construyendo son nuevas redes y patrones de funcionamiento cognitivo. Desde la neuropsicología educativa sabemos que esos patrones necesitan tiempo, repetición y consistencia para asentarse. Sin continuidad, no desaparecen del todo, pero sí se debilitan.
Lo que en junio ya estaba casi consolidado, en septiembre hay que volver a trabajarlo. No desde cero, es cierto, pero sí desde bastante atrás. Y eso tiene un coste real: de tiempo, de motivación (el niño, niña o adolescente vuelve a sentir que “no avanza”) y también esfuerzo económico, porque el proceso se alarga.
El verano no es un paréntesis neutral para el cerebro
Hay una creencia muy extendida de que el verano es un tiempo “en blanco”, que si no hay colegio no pasa nada. Pero el cerebro no descansa de desarrollarse.
Durante los meses de julio y agosto ocurren cosas relevantes:
- Las personas con dificultades en lectoescritura pueden experimentar retrocesos significativos en su nivel lector si no mantienen ningún tipo de estimulación.
- Los avances en funciones ejecutivas —planificación, control de impulsos, flexibilidad cognitiva— son especialmente frágiles sin práctica continuada.
- Los progresos en autoconcepto y seguridad pueden erosionarse fácilmente. Una persona que llegó a junio creyendo que podía, puede volver en septiembre sintiéndose tan inseguro como al principio.
Esto no lo digo para generar culpa. Lo digo porque creo que las familias merecen tomar decisiones informadas.
“Pero es que necesita descansar”
Completamente de acuerdo. Y por eso el trabajo en verano se adapta.
Las sesiones de verano en nuestra consulta de Madrid no son iguales que las del curso. Son más ligeras, con una carga diferente, y aprovechan la relajación del verano para trabajar aspectos que durante el año no tienen espacio: la motivación intrínseca, el juego como vehículo de aprendizaje, la creatividad, el disfrute.
Muchas personas disfrutan especialmente de las sesiones en verano precisamente porque la presión desaparece. Sin deberes, sin exámenes, sin el estrés del día a día. En ese contexto, a veces se producen avances que durante el curso no habían sido posibles.
Cuándo sí tiene sentido hacer una pausa
Quiero ser honesta: hay situaciones en las que pausar es razonable e incluso recomendable.
- Si la familia va a viajar durante un periodo largo y la logística es imposible.
- Si hay un acontecimiento familiar importante que requiere toda la energía disponible.
- Si el niño o niña está en un momento de saturación real que merece ser respetado.
En esos casos, lo valoramos juntas y buscamos la mejor solución: reducir frecuencia, hacer una pausa puntual de dos o tres semanas o continuar en modalidad online. En nuestra consulta siempre hemos trabajado de forma mixta cuando la situación lo requiere.
Lo que no ayuda es cancelar por inercia, porque “en verano no toca”, sin pensar en lo que eso implica para el proceso.
Una reflexión final para las familias de Madrid
El verano puede ser una oportunidad, no solo un paréntesis. Los niños que mantienen el trabajo durante estos meses vuelven en septiembre con más seguridad, con menos ansiedad de reincorporación y con los aprendizajes más sólidos. La diferencia con quienes pausaron suele ser visible en las primeras semanas del nuevo curso.
Si tienes dudas sobre cómo organizar el verano de tu hijo o hija, podemos hablarlo. Nuestra consulta en Madrid sigue abierta en julio y agosto, con disponibilidad adaptada al ritmo del verano.
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Si estás valorando si continuar o pausar las sesiones, no lo decidas sin información. En esa primera consulta gratuita podemos orientarte sobre lo que más le conviene a tu hijo o hija en este momento concreto.
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