¿Las pantallas están afectando la atención de tu hijo/a?

Pedagoga Ana López   →   Artículos   →   ¿Las pantallas están afectando la atención de tu hijo/a?

Lo que vemos en la consulta de pedagogía: periodos atencionales más cortos por el uso de las pantallas.

“Antes se concentraba mejor.” “Si no tiene el móvil cerca, se aburre.” “Los deberes le cuestan mucho más que antes.”

Estas frases se repiten cada vez más en nuestro gabinete de pedagogía  en Madrid cada semana. El uso de pantallas se ha convertido en una de las principales preocupaciones de las familias, y no sin razón: cada vez vemos más niños y niñas, así como adolescentes, con dificultades atencionales relacionadas con un uso excesivo o poco regulado de los dispositivos digitales.

¿Las pantallas son malas para la atención?

Las pantallas no son el enemigo. Forman parte de la vida cotidiana y, usadas bien, pueden ser herramientas valiosas. El problema no es usarlas, sino cómo, cuánto tiempo y en qué momento.

El cerebro infantil está en pleno desarrollo y necesita algo que los contenidos digitales rápidos y muy estimulantes no suelen ofrecer: esfuerzo sostenido, momentos de aburrimiento que activen la creatividad, capacidad de espera y entrenamiento en regulación emocional. Sin estas experiencias, esas habilidades no se desarrollan con solidez.

Cómo afectan las pantallas a la atención y al rendimiento escolar

Desde la neuropsicología educativa sabemos que el cerebro se adapta a los estímulos que recibe de forma habitual. Por tanto, cuando un niño/a pasa horas consumiendo contenido de ritmo acelerado, su sistema de atención se acostumbra a ese nivel de estimulación. Todo lo demás —una explicación en clase, una página de texto, una tarea que requiere concentración— le parece insuficientemente estimulante.

En consulta observamos con frecuencia que un uso elevado de pantallas puede provocar:

  • Menor capacidad para mantener la atención en tareas escolares.
  • Dificultad para iniciarse en los deberes o el estudio.
  • Abandono rápido ante el mínimo esfuerzo.
  • Necesidad constante de cambiar de actividad o de estímulo.
  • Mayor impulsividad e irritabilidad.
  • Problemas de sueño que agravan la inatención diurna.
  • Dificultad para desarrollar una narrativa interna que les ayude a calmarse y regularse.

Todo esto impacta directamente en el rendimiento académico y en la tolerancia a la frustración, tanto en casa como en el aula.

Pantallas y TDAH: una relación que conviene entender bien

Es importante aclarar algo: las pantallas no causan TDAH (trastorno de atención con/sin hiperactividad). El TDAH es un trastorno del neurodesarrollo con base neurobiológica. Sin embargo, un uso excesivo de dispositivos sí puede intensificar los síntomas, dificultar la autorregulación emocional y conductual, así como empeorar la concentración en niños/as y adolescentes que ya tienen una predisposición.

En niños/as y adolescentes con TDAH o dificultades atencionales, el impacto del uso excesivo de pantallas suele ser mayor y más visible. Por eso, en estos casos, la regulación del uso de dispositivos no es opcional: es parte del abordaje.

Qué pueden hacer las familias

No se trata de prohibir ni de generar culpa. Se trata de establecer un entorno que favorezca el desarrollo atencional del niño/a y/o adolescente. Algunas pautas concretas:

  • Establecer límites claros de tiempo de pantalla según la edad, con rutinas consistentes.
  • Evitar el uso de dispositivos al menos una hora antes de dormir.
  • Fomentar actividades sin estimulación constante: juego libre, lectura, actividades creativas o al aire libre.
  • Observar cambios en la conducta, el humor o el rendimiento escolar y ponerlos en contexto.
  • No usar las pantallas como recompensa ni como herramienta de calma emocional de forma sistemática.

Cuando, a pesar de regular el uso, las dificultades persisten o se intensifican, es importante valorar si existe una dificultad atencional de base que requiera atención profesional.

¿Cuándo consultar con una pedagoga o neuropsicóloga en Madrid?

Si tu hijo o hija presenta alguna de estas señales de forma persistente, puede ser el momento de pedir una valoración:

  • Se distrae con facilidad y le cuesta retomar la tarea.
  • Se aburre muy rápido y busca constantemente cambiar de actividad.
  • No tolera el esfuerzo sostenido, incluso en actividades que antes disfrutaba.
  • Ha empeorado su rendimiento escolar sin una causa académica clara.
  • Presenta cambios en el humor o en el sueño asociados al uso de dispositivos.
  • Cuando se le retira el dispositivo hay explosiones de ira descontrolada.

Una valoración neuropsicológica permite entender qué papel están jugando las pantallas en el aprendizaje de tu hijo/a, si existe una dificultad atencional subyacente y qué intervención es la más adecuada en su caso concreto.

👉 Consulta con nosotras sin culpa y con información. En Madrid, presencial u online.

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